Reproducción de codornices — elegir los reproductores y llevar líneas separadas
Criar es seleccionar: qué caracteres deciden los reproductores que se quedan, cómo se arma un grupo de cría y qué le hace a un plantel el parentesco estrecho.
Criar es seleccionar, no solo multiplicar. Quédese con lo que sobre de cada nacimiento y en unos pocos años tendrá un plantel que pone peor que el que compró — no porque algo saliera mal, sino porque nunca se decidió nada. En el fondo, la cría son tres pasos: usted decide para qué selecciona, se queda de forma consecuente solo con las aves que encajan en ese objetivo, y apunta de dónde viene cada lote.
Todo lo demás que sigue es la ejecución de esas tres frases.
Para qué se selecciona, y en este orden
El orden importa más que la lista. En los caracteres de abajo solo se repara cuando los de arriba están en su sitio.
- Salud y vitalidad. Un ave que nunca ha llamado la atención, que salió bien de la cría, con el plumaje limpio, los ojos claros y que come con normalidad es el punto de partida. Las aves que enferman una y otra vez no pintan nada en el grupo de cría, por mucho que le guste todo lo demás de ellas. Si hay una enfermedad rondando el plantel, eso es asunto del veterinario y no de la selección.
- Puesta. No la de un día, sino la marcha a lo largo de semanas: un inicio de puesta temprano y parejo, pocas pausas, sin caída anticipada. En alojamiento colectivo el rendimiento rara vez se puede atribuir a un ave concreta — entonces se selecciona sencillamente el grupo y se guarda la descendencia del mejor.
- Tamaño del huevo y cáscara. Huevos parejos y de cáscara firme. Los huevos muy grandes no son un objetivo en sí: van más a menudo con cáscaras más finas, más roturas y más problemas de puesta.
- Peso y conformación. El carácter principal en las líneas de carne, uno secundario en las de puesta. Las hembras muy pesadas suelen poner menos.
- Calma y carácter. Las aves que no salen disparadas en cuanto usted entra se hieren menos contra la tapa, ponen con más regularidad y facilitan el trabajo diario. Es un carácter infravalorado y la herencia influye en él.
La edad de los reproductores y la ventana de los huevos para incubar
Un ave es madura sexualmente mucho antes de ser una reproductora aprovechable. Los primeros huevos de una hembra joven son pequeños, irregulares y nacen mal; en la práctica, los huevos aptos para incubar llegan algunas semanas después del inicio de la puesta, cuando el tamaño y el ritmo se han estabilizado.
En el otro extremo está la fertilidad. En los machos viejos baja, y con ella la tasa de nacimiento, mientras la hembra sigue poniendo bastante decentemente. La ventana aprovechable para huevos de incubar está por tanto, en la práctica, entre el tercer o cuarto mes de vida y el final del primer periodo de puesta, con el mejor resultado en los primeros meses. Si sigue criando más tiempo de los mismos reproductores, conviene que anote las tasas de nacimiento: enseñan la caída antes de que usted la sospeche.
Cómo se arma el grupo de cría
Un grupo de cría no es una convivencia: se compone con una finalidad y después se le deja en paz.
- Un macho por grupo. Dos machos en poco sitio significan peleas, pérdida de pluma e inquietud, y atribuir la descendencia se vuelve imposible.
- La proporción. Un grupo de cría se lleva más apretado que un plantel de pura puesta: allí lo corriente son de tres a cinco hembras por macho; en el grupo de cría, más bien de dos a cuatro. La razón es la finalidad — en el plantel de puesta cuenta el número de huevos, en el grupo de cría cuenta que sean fértiles. Con pocas hembras salen aves agotadas, con el cuello y el dorso pelados; con demasiadas, huevos infértiles. Las dos cosas se ven: una en el plumaje, la otra al ovoscopiar.
- Tiempo antes de recoger. Después de formar el grupo pasan unos días hasta que los huevos son fértiles con seguridad. Recoja huevos para incubar solo a partir de entonces, o tirará la mitad del primer lote.
- Tranquilidad. Cada cambio cuesta puesta y fertilidad. Un grupo de cría se forma una vez y después no se vuelve a barajar.
El parentesco y lo que hace la consanguinidad
La consanguinidad no significa otra cosa que unos padres más emparentados entre sí — cuanto más cerca, más fuerte. El efecto no es casualidad ni mala suerte, sino aritmética: con cada cruce entre parientes sube la parte de caracteres que un ave lleva por duplicado. Eso vale igual para los caracteres deseables que para los indeseables — solo que en los indeseables se repara.
En los planteles pequeños el parentesco llega rápido, porque quien saca dos o tres generaciones de un solo grupo comprado acaba en algún momento cruzando hermanos con hermanas sin darse cuenta. Lo que entonces pasa paso a paso es siempre la misma imagen y se llama «depresión por consanguinidad»: peor fertilidad, tasas de nacimiento a la baja, más pollitos que mueren tarde dentro del huevo, aves jóvenes más pequeñas y menos resistentes, desarrollo más lento. Rara vez llega como un hundimiento; casi siempre como un declive suave a lo largo de varias generaciones — y justo por eso se le echa la culpa tantas veces a otra cosa.
Un solo cruce entre hermanos no es ninguna catástrofe; los programas de cría trabajan con él a propósito para hacer visibles ciertos caracteres. Mantenido sin control durante años, es la razón más frecuente de que un plantel «ya no quiera».
Líneas separadas y compra de fuera
La salida más sencilla no es aritmética, es de organización.
- Lleve dos o tres líneas separadas. Cada línea se cría por su cuenta y para la generación siguiente se cruza entre líneas. Así se conserva la diversidad sin tener que calcular grados de parentesco. La condición es que las líneas se mantengan de verdad separadas: en compartimentos aparte y con los huevos para incubar marcados aparte.
- Compre genética de fuera con regularidad. Un macho nuevo de otro plantel cada pocas generaciones suele bastar. Cómprelo al criador y no en el mercado, pregunte por el origen y la edad, y aclimate a las aves nuevas por separado y bajo observación antes de juntarlas con el plantel.
- Antes cambiar que comprar. Entre criadores de la zona, cambiarse un macho funciona a menudo mejor y sale más barato que cualquier compra.
Los apuntes
Sin una nota de procedencia de cada lote, la cría es adivinación a las dos generaciones. Verá que la tasa de nacimiento baja, pero ya no podrá decir de qué grupo venían las aves que van mal — y con eso cualquier selección queda anulada.
No hace falta mucho. Por lote basta con esto: fecha, grupo o línea de los padres, número de huevos cargados, número de pollitos nacidos, bajas de las dos primeras semanas y una nota sobre la compra si intervino un ave de fuera. Además, el número de huevos por semana de cada grupo. Mantenga las etiquetas lo bastante sencillas para que sigan teniendo sentido dentro de un año, y marque los huevos mismos, no solo la bandeja en la que están.
Si al cargar los huevos anota ya la procedencia y las cifras de cada lote, a las dos generaciones tendrá una base en vez de un recuerdo — para eso está hecha esta aplicación.